sábado, 11 de junio de 2011

Aprende a volar. Enseña a volar.

"La cometa se eleva más alto en contra del viento, no a su favor".
Winston Churchill

La vida me ha sonreído de medio lado muchas veces y otras me ha mostrado su cara gruñona, pero en todas las ocasiones Dios (sea cual fuera la idea que tengan de Él) me ha proveído la fortaleza y ayuda necesaria para salir adelante. Y sus sabios consejos, como muchas otras cosas, han venido disfrazados de papá, mamá o alguien que llega en el momento justo y preciso, cuando todo parece a punto de derrumbarse.
Crecí protegido por las alas maternales y acurrucado en el nido que con esfuerzo construyó mi padre. Y vaya que me costó aprender a volar (para que se hagan una idea: aprendí a manejar bicicleta a los 10 años, y hasta la fecha parezco la abuelita de Piolín en medio de la pista cuando conduzco). Pero entendí dos cosas básicas:
1. Si quieres aprender a volar, tienes que primero soñar y convertir los sueños, aunque con esfuerzo, en realidad. Y vaya que mis padres me enseñaron harto de eso.
2. El gran Churchill resumió en esa frase con la que comienza este post, la técnica perfecta de volar soñando. Se sueña volando alto no en la tranquilidad de una vida placentera, sino en los momentos difíciles cuando nos obligamos a soñar con que todas esas cosas feas que nos suceden pueden ser diferentes.
Aprendí a soñar, a volar, y a grabar en mi corazón: IMPOSIBLE DEJAR DE SOÑAR. Y en esa fórmula radica la paz que llega de momentos a mi alma, para ver la vida con otra perspectiva. Y de eso está hecha la barricada donde cuido que, como alguna vez Mafalda advirtió preocupada a sus amigos, el mundo no cambie mis ideales antes de que mis ideales cambien mi mundo.
Mi vida no ha sido un jardín de rosas. Tuve timidez casi patológica en mi primaria. Por poco y hubiese sido el primer caso descrito de bullying a inicios de mi secundaria. No me sentí totalmente satisfecho quedándome a estudiar la universidad en Ica. Ví frustrados muchos apetitos políticos en la universidad. Ya casado, estuve tres veces (aunque por muy corto tiempo) sin trabajo: en uno rescindieron mi contrato por diferencias insalvables con la gerencia y en los otros dos renuncié por motivos que contaré en otra ocasión. La lista es interminable.
En cada una de esas ocasiones diseñé esperanzado mis sueños. Me enamoré de los libros por culpa de mis padres en primaria y vencí la timidez soñando que algún día podría hablar frente a cientos de personas. Hoy, además de médico, dicto clases en aulas llenas donde disfruto de maravilla enseñando. Por cada acción grotesca que me hería en lo más profundo de mi autoestima, respondía sonriendo y soñando con que algún día esa sonrisa ayudaría a las personas. Hoy soy un ferviente creyente de la sonrisa y el abrazo, de la risa y la alegría, como medicinas insustituibles de nuestra salud mental, y les juro que da muy buenos resultados. Soñé con ser un excelente médico del que se acordaran en su facultad al graduarme. Hoy asesoro una organización estudiantil de mi facultad, me recuerdan y me invitan a menudo, y los docentes cuando me ven se acuerdan que pasé por sus manos formadoras. Soñé, luego de quedarme desempleado, en que vendría algo mejor. Y siempre lo que ha llegado después ha enriquecido mi espíritu, mi profesionalismo y me ha hecho una mejor persona. Me quedan muchos sueños pendientes, y sé que los conseguiré.
He aprendido a volar, a ser cometa contra el viento. He aprendido a ser loco, y por eso a veces algunas personas me miran extrañados, aburridos, disociados. Hace poco como que me estaba cansando de ser ese loco cronopio que juega a ser feliz. Y para variar, una de mis amables amigas que lee de rato en rato mi blog, colgó esto en el momento preciso:
“En tiempos oscuros, tengamos el talento suficiente para aprender a volar en la noche, como murciélagos... Seamos lo suficientemente sanos como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar cada día... Seamos lo suficientemente valientes como para tener el coraje de estar solos y lo suficientemente valientes como para arriesgarnos a estar juntos... Seamos lo suficientemente maduros como para saber que podemos ser compatriotas y contemporáneos de todos los que tienen una voluntad de belleza y una voluntad de justicia, sin importar dónde nacieron ni dónde se encuentran, porque no creemos en las fronteras de los mapas ni del tiempo... Seamos lo suficientemente tercos como para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena... Seamos lo suficientemente locos como para ser llamados locos... Seamos lo suficientemente inteligentes como para ser desobedientes cuando recibimos órdenes contradictorias a nuestra conciencia o contra el sentido común.”
Eduardo Galeano (Gracias, Nicole)
¿Y saben qué? Quiero seguir siendo loco, quiero seguir soñando, volando. Quiero seguir formando parte del club de los románticos idealistas mientras el mundo no me cambie primero. Y tengo un sueño, que quisiera contagiar. Escuchen a Patricia Sosa:




Aprendí a volar. Me toca enseñar a volar. La mayoría de los que leen este post saben soñar, y en lo más profundo de su subconsciente saben volar y hacer de sueños una nueva realidad.
Hubo una escena que me obligó a recordar un sueño encarpetado. Cosas de la vida, la semana antepasada en el Show de los Sueños (programa que no suelo ver), me conmoví con el caso de una adolescente que dijo: "Quiero romper la cadena de mi familia. Sueño con ser arquitecta". Le regalaron, por lo hermoso de su sueño (dejemos de lado el aspecto comercial del asunto en si, que existe en el programa) una beca completa. Y como buena idealista, remató diciendo: "Prometo que pondré todo de mi para que con esta oportunidad pueda por fin romper la cadena de mi familia". ¿Quién le enseñó a soñar? ¿Quién le grabó en su corazón esa frase: IMPOSIBLE DEJAR DE SOÑAR?
Muchos niños, adolescentes y jóvenes viven atados a la cadena de pobreza de su familia, y sus sueños andan tan dormidos y casi muertos que no son capaces de romper esa cadena. Les cortaron sus alas. Voy a enseñarles a volar. Sueño con enseñarles a volar, a soñar, a hacer sus sueños realidad. Sueño con poder ayudarlos a cumplir sus sueños. Ya tengo el sueño; ya tengo  a quienes: los niños; ya tengo cuando empezar: hoy; ya tengo cuando obtener mi primer triunfo: en diciembre. Me falta el "con quienes". Dios proveerá, estoy seguro.
La MISIÓN: IMPOSIBLE DEJAR DE SOÑAR. Buscó quienes sueñen conmigo. ¿Se apuntan?

1 comentario:

  1. Amigo, vale la pena soñar, soñar es gratis y más si es por un bien. Los sueños se cumplen cuando uno se propone conseguirlos, cuando uno se propone una meta, los sueños son gratis.
    Me uno a este noble sueño, porque también es parte de mi sueño.
    Enseñar a soñar a otros.

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