domingo, 22 de mayo de 2011

Estrella XXV

Entre el frío del atardecer y el calor de tus recuerdos,
soñé sobre una nube blanca aquellos sueños olvidados.
Soñé las casas rojas de azules tejados, y tus ojos;
tus dedos tomando el gorrión que herido encontramos.

Recordé, soñando, entre el humo de un cigarro,
las palabras dulces y tu mejiilla endulzada,
a orillas de un mar azulado, y una luna estrellada.
Recordé, extasiado, tu cabello negro. Soñe tus manos.

Soñé a los niños que una vez en el parque me dejaron,
con una nota que decía "mi amor, cuánto te extraño..."
Y recordé tu sonrisa, y unos libros cerrados...
con esa carta, la primera, que a tus manos llegaron...

Y quise, con el cigarro apagado, volver a soñar a tu lado,
unas palabras olvidadas que hoy, sentado, he recordado.
Y me enamoré otra vez, como un loco enamorado,
de tus manos, de tus ojos, de tu mirada y de tus labios...

Y amé mi lejana soledad en tu dulce compañía,
abrazados, silencioso yo, como en esos días.
En un camino recorrido que los dos andamos,
con los pies descalzos, solos, acompañados.

Se apaga el cigarro, y sigo soñando, recordando.
Amando, enamorando. Sigo andando, callando.
Regalándole mis alas al gorrión entre tus manos.
Volando...
Entre estrellas, estrellitas, lunas. Hablando.
Sobre sueños.
Dibujando... con ternura...
Y me enamoré otra vez, como un loco enamorado,
de tus manos, de tus ojos, de tu mirada y de tus labios...

O sólo de tus manos...
O más que de tus manos... de tí...
Tu todo, tu ausencia... tu aroma.
Esas noches, esos días, los niños...

Vuela el gorrión. Y despierto.
Y siento tus dedos tomándome herido.
Estoy sentado, con un cigarro apagado.
Despertando...
Viviendo mi sueño, otra vez, contigo...
Te amo...

Imagen de Jim Warren



P.D.
1. Hace un año lo publiqué en Tierra Firme (Feisbukcity). La pena de anoche hizo que la volviera a leer, la desempolvara y lo publicara nuevamente hoy, para compartirlo con muchas más personas (por lo menos eso espero).
2. Lo siento, amiga Tímida, pero leí lo que escribí de aquella ocasión. Definitivamente me gustó escribirlo, pero al volverlo a leer hoy, luego de mi crisis nocturna, siento que es muy intimista y hay ciertas cosas que mejor deben dejarse para el grato recuerdo de los amigos.

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