lunes, 30 de mayo de 2011

Arturo, Brigadista de color azul


(A esa gentita que llevo en mi corazón. A ese Comando, mi

segunda familia, en la que tengo viviendo casi toda mi vida)


Solía ver las estrellas por la ventana. Subir las escaleras con la alegría de quien sabe que mañana no es hoy día. Hacía de hígado corazón y convertía una lluvia en la mejor excusa para salir a mojarse y chapotear por ahí. En sus ratos de ocio, lejos de rascarse la panza, cogía un libro y leía.
Una tarde se le ocurrió a alguien invitarlo a una reunión de unos pituquitos, eso decían, de chaleco y chaqueta. Era uno de esos tantos grupos estudiantiles que se forman cuando uno tiene fiebre de juventud e intoxicación de filantropía. Pero se diferenciaban de los otros – adquiriendo un aire medio aristocrático, medio de élite – por el simple hecho de ser de medicina.
Su aspecto, aunque gracioso, imponía respeto. Una extraña mezcla de relajo y enigma, de soltura y seriedad. Estaba en primer año. No era muy alto, pero tampoco merecía que lo llamaran chato; cabello corto de raya al lado, oscuro y ondulado; piel canela que hacía juego con sus ojos castaño oscuro; no era atlético y no llegaba a enclenque; a veces andaba con barba y otras con cara potito’e bebe, dependiendo de su estado de ánimo. Usaba ropa fresca, cool que le dicen, yines y polos, con una cadena al cuello cargando tres cosas. Era simpático y suelto al hablar. Pero hablaba sólo lo justo. Sus íntimos eran los únicos que sabían un poquito más de su vida que el resto de los mortales; el resto era silencio. Juntando todo, se formaba como un aura llena de misterio a su alrededor. Un misterio salpicado de simpatía… una mezcla extraña.
A la reunión lo invitaron casi por compromiso. Justo llegó cuando un chico con pinta de hombre lobo y pelo en la nariz pegaba un aviso donde un C.O.E. grandote llamaba la atención. Y como él se mostró interesado no le quedó otra que contarle. Con sonrisas de esas que llenan media cara se despidieron.
En la reunión lo enamoraron. Se enamoró de la idea de hacer campañas y de ayudar gente. Lo sedujo la idea de salir en ambulancia a salvar gente. Lo convencieron con eso de la filantropía y lo intoxicaron también de ella. Su juventud estaba a temperatura normal, pero le provocaron fiebre con tantas palabras y tantos proyectos. Se comprometió y una nueva vida le nació en su vida.
Comenzaron dos semanas después con las reuniones de capacitación. Le enseñaron de pe a pa los primeros auxilios. Le dieron duro a los trotes, a los abdominales y las planchas. Ejercitaron brazos, piernas y todo lo que se podía ejercitar. Los estaban convirtiendo en brigadistas de acero, o por lo menos de metal para que no se hicieran yaya en la acción. Ese año salió una de las mejores promociones de brigadistas que tuvo ese grupito de estudiantes de medicina. Y fue un año muy bueno para la Brigada. El de hacerse conocidos y el del despegue. Ya tenían sobre los hombros una Campaña de Salud en un pueblito joven de la periferia de Lima, los habían invitado a la Feria del Pacífico, y se les venían otras más encima; organizarse y realizarla fue todo en una. Fue el bautizo de fuego para esa buena promoción que se había formado. Y salieron sin quemarse.
Se conocieron entre todos. Había un trío que hacía de las suyas y que le daba duro al trabajo en las campañas. Una de cabello moreno, otra castaño y la tercera rubio o algo que se asemejaba. ¿Han visto Las Chicas Superpoderosas? Ellas eran Bellota, Burbuja y Bombón, en ese orden. Le daban vida a la promo. Estaba otra media esotérica de cabello largote y ondulado. Un chico de lentes y sonrisa de caballo. Otro gordo que andaba con su enamorada - modelo de arriba abajo. Uno samurai y una chiquita de mirada ingenua. Finalmente estaban los cachimbos, nuestro amigo misterioso y divertido, y sus dos compañeros (ahora dicen que son uña, mugre y micosis).
Claro que también estaban los viejos. Los jefes fundadores. Los dos de sexto año. El más alto al que le llamaban Leono, y otro de lentes y dejo huancaíno al que lo conocían como Oggi. También El Hombre Lobo del aviso, la Voleibolista  y su enamorado Basketbolista. Uno que ya era enfermero y un grupo de chicos de tercero que formaban la respetada Promoción I de la Brigada.
Fue el mejor año. El de las risas y el crecimiento sostenido. Se hicieron íntimos y formaron una familia. Los papás, sin embargo, se iban. Y vino un año difícil con nuevo jefe; difícil por muchos motivos. Pero pasado el mal trago, con jefe nuevo (ya era el cuarto) y festejando un año más, las cosas quisieron arreglarse, bajo la frase de Primero, amigos.
El verano de ese último año, Arturo (así se llamaba nuestro amigo del inicio de esta historia), Victor y Juanjo enseñaron lo que sabían de primeros auxilios. Comenzaron en pe y terminaron en pa y se hicieron amigos de los amigos de sus amigos, y también de quienes no eran sus amigos. Y terminaron contentos.
Aprovecharon sus tres últimas semanas de vacaciones para viajar a Arequipa, pero terminaron yendo a un lugar del que ni el nombre recuerdo. Un pueblito entre la sierra y la selva. Aquí disfrutaron del canotaje y de las puestas de sol en un camping. Gozaron con las conversaciones filosóficas de Arturo en las noches, las historias y los poemas de Victor en los atardeceres, y las locuras y extravagancias de Juanjo por la mañana. Era un trío envidiable.
Y esas cortas vacaciones se convirtieron en la más excitante de sus vidas. Eran estudiantes de medicina, eran brigadistas y eran turistas. El pueblo se enteró de esa tres cosas casi de inmediato, por las buenas relaciones que entabló Juanjo (lo reconocerán por una risa media de loco y unos ojos que cuando se divierte se abren como dos platos) con la hija de don Remigio, el gobernador. Y se convirtieron en excitantes esas vacaciones, porque coincidieron con un accidente de dos gringas y un gringo en los rápidos. Les pasaron la voz y fueron ellos los que formaron las brigadas de rescate, junto a uno de Defensa Civil que se orinaba de miedo porque si no los salvaban su cabeza volaba. Juanjo se fue con la hija de don Remigio, el de Defensa Civil y cuatro más hacia el sur. Victor, Arturo y otros tres al norte. El sur se le antojo a Juanjo un lugar de fácil acceso y de imposibles probabilidades para encontrar a los buscados. El norte, por el contrario, parecía no querer recibir visitas extrañas. La tuvieron difícil Victor y Arturo. Anduvieron por casi dos horas, cuando encontraron las mochilas de los norteamericanos. Media hora siguiendo unas pisadas y encontraron al primero, que trataba de meterse a un hueco profundo en medio de la selva, mientras señalaba a las otras dos que se sujetaban de un saliente. Los brigadistas se miraron preocupados. Arturo recordó unos versos de Victor:

“Salvaré hoy una vida, mañana salvaré dos.
Y mi familia sabrá que ser Brigadista vale la pena.
Y mis amigos sabrán que ser Brigadista es tentar a la muerte.
Y viviré por siempre en la memoria del desconocido que salvé.
Y viviré por siempre en sus lágrimas de agradecimiento.
Y viviré por siempre en la sonrisa de ese niño…
De ese hombre…
De esa madre…
De ese anciano…
Porque salvar vidas es la esencia del Brigadista.
Porque ser Brigadista es la esencia de mi ser”.

Tomó un par de cuerdas que habían llevado. Victor lo miró y entendió. Se ataron las cuerdas alrededor de la cintura. Los otros tres las aseguraron en unos troncos cercanos. Descendieron. Victor y Arturo. Asustados. Cogieron a la primera chica. La fuerza de los tres de arriba sólo alcanzaba para subir a una pareja. El primero en subir fue Victor; Arturo esperó.  Y tuvo que cogerse fuerte cuando la saliente se desprendió y la chica lo abrazó. Se balancearon y la cuerda se desgastó; era mucho peso para la cuerda y no iban a subirlos así. Victor bajó otra vez y cogió a la chica. Arturo le sonrió, le dijo unas palabras al oído y le entregó algo en la mano. Subió, y la cuerda de Arturo se rompió en dos. Victor gritó pero no soltó a la chica. Las lágrimas lo bañaban y la desesperación hizo que subiera más rápido.
Al día siguiente sacaron el cuerpo de Arturo. Lo llevaron a Ica y lo enterraron como héroe. Hasta hoy Victor recuerda ese “y mis amigos sabrán que ser brigadista es tentar a la muerte” que le dijo al oído Arturo antes de caer. Y todavía guarda el collar con una luna, un corazón y un bufón que le dio.
Alguna vez, en uno de esos atardeceres, Victor soltó un “la vida es un río y nosotros le damos color. Somos un azul locura y un rojo pasión, un verde ingenuo y un amarillo diversión”. Alguna vez, en uno de esos anocheceres, Arturo dijo que “nosotros somos un río, la vida es la que nos da a chispazos el color”. Alguna vez, en uno de esos amaneceres, Juanjo se mofó de los dos y se creyó río y se pintó de azul. Dicen que cerca al lugar donde un par de brigadistas salvaron tres vidas, se formó un afluente rodeado de ribera verde ingenuo con flores amarillo diversión. Es un afluente azul locura de día, rojo pasión de noche. Dicen que por la noche se escucha la amena conversación de una persona que se siente feliz.



Este videito es cortesía de Charito MN. Fue el primer gran desastre del COE Brigadas de Ica. El chalequito azul lo pueden ver a partir del minuto 4:13, como para que no duden que ese año los conocieron fuera de Ica.

4 comentarios:

  1. Sabes esta historia realmente me a hecho estremecer, me siento muy feliz de haberlo leido, de haber leido en tu blog algo de mi brigada, nuestra brigada... ahora entiendo el significado de aquella frase que esta escrita en los muros de la base ... Porque ser Brigadista es la esencia de mi ser... y creeme que ahora esta escrita en mi corazon...

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  2. Muchas gracias. ¿No sabías cómo había llegado esa frase allí? Entonces tienes una novedad que contar cuando llegues a la Brigada. Agradezco tu visita y el halago de tu lectura.

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  3. Q lindo!!!---siempre creí q eras bueno xa la scritura y aún más cuando se trata de llegar a las personas, es algo q siempre t caracterizó y hoy una vez más lo desmuestras. Gracias Víctor, x demostrarnos q se tiene q seguir soñando y luchando, aún cuando sientas q la vida t da golpes duros...y gracias x el video colgado...definitivament la brigada merece ser reconocida. Realmente emocionante!!! :D

    Charito Muñante

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  4. realment ser rescatista es algo muy duro pero a la vez muy lindo pq salvas vidas y eso hace q uno se sienta bien realmente lo q usted y su brigada hizo fue algo muy lindo y que kedara en el recuerdo lindo loq hacen y felicitaciones a toda su brigada por lo que hacen he hicieron .

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