sábado, 26 de febrero de 2011

Una mañana en febrero

El viento solía soplar con cierta violencia a esas horas de la tarde. Salía de clases agotado y me hacía compañía un amigo entrañable de la facultad para, juntos y fumando nuestros cancerígenos cigarros, caminar en dirección hacia nuestras casas. Cosas del destino, él tuvo que llevar otra vez algunos cursos en los que "repitió plato", por lo que nuestras caminatas disminuyeron drásticamente. Por ese entonces una de las cosas que hacía al igual que otros chicos de años superiores era dar la bienvenida a los cachimbos y ayudarlos a dar sus primeros pasos dentro de una ingobernable facultad de medicina. Justo ese año estábamos empeñados en nuestra dichosa "acreditación", así que nuestra presencia en el aula de los recién ingresantes tenía connotaciones mucho más importantes aún: pedir que apoyaran con lo que pudieran en este proceso.
En situaciones en donde se requiere mucho del buen ánimo, del ímpetu juvenil y los deseos de trabajar desinteresadamente, sin tener que hacer las sacrílegas preguntas "¿y a mi en qué me beneficia?", "¿cuánto hay?", "¿yo qué gano?" y todas sus variantes lingüísticas, siempre destacan unos cuantos que sudan la camiseta  con el único aliciente de la labor cumplida, mirando a largo plazo la importancia de las metas realizadas. Dentro de ese grupito llenó de fantasía mis pensamientos una muchachita reilona, de cabello lacio largo hasta el hombro, que llegaba a clases en varias ocasiones con una niña de unos tres años a la cual presentaba como su hija (forma elegante de espantar pretendientes. Más adelante supe que era su hermanita menor). Tenía un porte de liderazgo escondido y siempre andaba preguntando que se podía hacer o que faltaba.
La primera conversación larga la tuvimos cierto día en que nos tocó buscar juntos a alguien que pudiera llenar las piletas que quedaban al frente de la gruta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, Patrona de nuestra Facultad. Actualmente, como dato histórico, ni la una ni la otra existen como en aquella época: la gruta la busco y no la encuentro y la gran pileta se ha convertido en un elegante espejo de agua. Pasó el tiempo, y lo que comenzó siendo una sana admiración, se convirtió en una linda amistad. Evidentemente no cubría el agujero dejado por mi querido amigo, pero se esmeraba en abarcar un gran área de mi mapa emocional, lo cual iba consiguiendo día tras día de forma exitosa.
Caminábamos juntos hasta un punto intermedio entre su casa y la mía, sin llegar nunca a la suya, no habían cigarros de por medio pero si amenas charlas en donde ambos hacíamos de consejeros, confidentes y hasta cómplices. Habían cosas que por un raro código de machos estudiantes nunca le conté sobre lo que decían los otros especímenes varones sobre ella y ciertas partes de su anatomía. Y seguía siendo una amistad sincera, fresca y abierta.
Este asunto de la amistad no será algo raro para algunos que la aceptan con una filosofía bien open mind sobre las relaciones heterosexuales. Pero los que me conocen de lustros sabrán y darán fe de que en ese entonces este aprendiz de escritor disfrutaba de conquistar, o tratar de hacerlo en realidad, a las chicas con las que iniciaba una conversación. Por tanto, y envueltos en ese contexto, hacer que esto durara como amistad pura por tanto tiempo era para mi, por demás, impresionante.
No sé el momento exacto en que mi óptica hacia esa chica cambió, pero de pronto empecé a verla de manera distinta. Y oído a la música, como diría Emilio Lafferranderie, no sólo como una heroica conquista, sino con algo muy semejante al enamoramiento. Estaba empezando a encamotarme con ella. Y no era una cosa que uno dijera que se sentía caminar sobre nubes cuando se estaba con ella, ni mucho menos. Sus labios soltaban dulces y exactas palabrotas de forma dosificada, no daba muestra de cariño y lo más cercano a esto era un beso en la mejilla que duraba un microsegundo o un par de palmaditas en el hombro (imagínense lo increíble que me pareció recibir un fuerte abrazo en cierta ocasión en que le obsequié una tarjetita).
Este cambio de óptica coincidió con un accidente que sufrió y que la postró en cama por varios días. Decidí, en ese momento (nunca he comentado que soy muy malo para escoger los momentos estratégicos más recomendados, ¿no?) conquistarla. Y sufrí mucho para hacerlo, pero lo conseguí. Con varios muertos y heridos en el camino, pero gané la batalla de su corazón con derramamiento de sangre, sudor y lágrimas.
Los primeros meses fueron buenos, como cualquier relación, pero de ahí empezaron los tropezones. Ya sea por los autogoles que a veces nos dábamos, o porque prestábamos mucho oído a otras personas que veían la relación como extraña (el equilibrio lo ponía ella y el romanticismo yo, entre su frío y mi calor sobrevivíamos en un hábitat tibio). Pero lo superamos hasta llegar al año de enamoramiento.
Terminamos casándonos. Tuvimos una hermosa hija de quien nos enorgullecemos más cada día que pasa, observándola crecer fuerte e inteligente. Hasta ahora tenemos nuestras riñas, y de las buenas, pero luego vienen las reconciliaciones con sus ganancias y beneficios. Tenemos además varias diferencias insalvables que a pesar de los muchos años juntos (un lustro, para lo que he vivido es muuuucho) no podemos reconciliar, pero las toleramos en nombre del amor; otras, sin embargo, sí nos han permitido mejorar y hacernos un poquito mejor de lo que éramos de solteros. Nos complementamos lo suficientemente bien como para poder afirmar sin temor a equivocaciones que somos como un rompecabeza de dos piezas.
Sé, con la autoridad que avala el hecho de ser especialista en tí, que no leerás por voluntad propia este post porque no te gusta leer y mucho menos si es en Internet. Te encanta que te lea lo que escribo en voz alta, y aunque pareciera a veces que te aburre  alcanzas a decir "me gusta mucho" o "corrige eso que no está bien", lo cual valoro bastante. Pero definitivametne no te gusta leer, por lo que tengo la plena seguridad que no serás una de las visitantes de esta página.
Sé también que si llegas a saber algo de este post, será por intermedio de alguna de tus buenas amigas. Esas que no se cansan de decirme lo que tú no me dices de frente, que no se cansan de repetirme "ella te ama y mucho". Y, a decir verdad, me gusta que me lo digan, así ya lo sepa de sobra. Porque a pesar de que tus muestras de cariño siguen siendo esos besitos (ahora en los labios por mi rango de esposo XD ) de microsegundos y esas palmaditas en la espalda (haré justicia y diré que la lista se ha visto ampliada por unos abrazos desenfadados con un "ya ya, no te malacostumbres"), sé por muchos de tus actos que tus amigas dicen alguito de verdad.
Así que tendré que testificar que durante estos cinco años juntos he aprendido que el amor no es necesariamente como lo pintan las películas románticas. El amor de verdad está curtido de ciertos pedazos de realidad y modernismo que hacen que piense que ha mutado de una forma muy curiosa. Pero que por ser mutante no deja de ser un amor en un sentido mucho más exacto y pleno.
Hoy cumples un año más de vida, uno más al lado mio. Sé que no tenemos todo lo que quisiéramos. Sé que un año más no evitará que sigas viendo blanco lo que yo veo negro, o que tú valores más las cosas que me apasionan, o que yo critique esos defectos que tú ves como virtudes. Pero seguimos creciendo, madurando y aprendiendo juntos.
Eres, mi estrella fugaz, el regalo más grande, el más especial. Eres el regalo único, el que destaca por no ser igual que los demás. Y como buen amante de los misterios y de lo que falta por descubrir, sigo enamorado de tí, y seguiré estándolo por más que digas que el amor te aburre y que el cariño te empalaga.
¡Feliz cumpleaños, mi amor! ¡Que sean muchos más! Y que cuando el tiempo pase y la hija, o los hijos, se casen y se vayan, podamos finalmente estar sentados, arrugaditos, frente a ese jardín enorme dentro de nuestra casa que siempre soñamos. Y que podamos estar siempre juntos, a pesar de todo y de todos. Porque nuestro amor especial está destinado a perdurar.


Te amo, Estrella Fugaz.

4 comentarios:

  1. Amigo, que sinceridad la tuya, me he sentido casi casi conectada, sobre todo con ella de cierta manera, su frialdad y tu calor romantico hacen un clima tibio pero calido.
    Es porque aun nos falta querernos un poquito más como personas para asi poder otorgar sin nada a cambio el amor que tanto buscamos y que ustedes tanto buscan.
    Eres sincero en expresar lo que sientes en estas escrituras, asi como yo lo haga porque para mi es mas bonito escribirlo que hablarlo aunque tambien hay que decirlo para sentirnos bien.
    Realmente eres un hombre maravilloso tienes bien ubicado la integracion de familia y pues tu sabes que el amor y mas en el matrimonio es como estar dentro de un barco navegando mares, encontrandose con las tempestades y neutralidades de la naturaleza, no hay que abandonar el barco... sigue adelante, escribiendo, soñando despierto y pisando fuerte. Muchos exitos.
    p.d: estrella fugaz suena lindo pero si lo analizas la estrella fugaz es eso, solo fugaz... asi que tu amor no es pasajero es para siempre... mejor seria estrellita... porque siempre se queda ahi quieta por siglos de siglos ;)

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  2. Muy linda tu historia de amor, lo que hace interesante y no aburrida la relación es precisamente las diferencias entre ambos, y lo más hermoso y q siempre los unirá: su hijita, no dejen de amarse sea de la forma como se amen, el amor es la razón de nuestra existencia.. sin amor no somos nada! :)

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  3. Románticos como tú quedan pocos en el mundo. Muy bonito, sí señor. Saludos de una españolita.

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  4. Gracias a ustedes por el halago de su lectura. Sigan al tanto del blog, y participen con sus comentarios. Saludos utópicos a tod@s.

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